Violencia de género

La perspectiva de género atraviesa todo lo que hacemos en AIRE. No es un tema más entre otros: es una lente desde la que entendemos el poder, las desigualdades y los vínculos, y desde la que diseñamos cada intervención, cada proceso formativo, cada acompañamiento. Pero hay dimensiones específicas de la violencia de género que requieren un trabajo propio, sostenido y especializado.

La violencia de género no es un conflicto entre individuos ni un problema de conductas aisladas. Es una expresión de relaciones de poder desiguales que se construyen, se aprenden y se reproducen, en los hogares, en las instituciones, en los entornos digitales, en las formas en que la cultura define qué se espera de las mujeres, las niñas y los cuerpos feminizados. Se manifiesta, por ejemplo, en la violencia familiar y doméstica, en la violencia sexual, en la violencia institucional que revictimiza a quienes buscan protección, y en las formas digitales de acoso y control que se han vuelto cada vez más presentes.

Desde AIRE acompañamos a mujeres y niñas que han vivido situaciones de violencia, desde un enfoque psicosocial que reconoce tanto el impacto emocional como el contexto estructural en que esa violencia ocurre. Y trabajamos también con hombres y comunidades en procesos de reflexión crítica sobre masculinidades, porque la transformación de las desigualdades de género no puede recaer solo sobre quienes las padecen. Ubicamos en el enfoque de las masculinidades una herramienta a considerar en el diseño, planeación, implementación, sistematización y evaluación de procesos que pretenden prevenir o atender las violencias o la desigualdad. Así como la perspectiva de género ha posibilitado el reconocimiento de la brecha de desigualdad entre mujeres y hombres, el enfoque de las masculinidades permite la resignificación de la identidad masculina desde enfoques alternativos al modelo tradicional o machista.